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«La Topadora del Metro 1983 : El campeón que no fue»

La Topadora del Metro 1983

El campeón que no fue

 

Hay equipos que no necesitaron salir campeones para quedar grabados en la memoria popular. Los Carasucias y los Camboyanos son ejemplos irrefutables. Y el sub-campeón del Metro ’83, aún sin ser inmortalizado con ningún apelativo, también pertenece a esa categoría. En el Nacional 1984, cuando con un par de cambios de nombres el equipo siguió arrasando rivales, el periodista Adrián Paenza, sugirió un apodo contundente: “La Topadora”. La hinchada lo tomó como propio y durante varios partidos lo transformó en canción. Lamentablemente no perduró en el tiempo: hubiese sido un acto de justicia.

Tras la épica gesta del ascenso, el pueblo sanlorencista continuaba enfervorizado y acompañó en masa el retorno a Primera División. El carisma de un símbolo como el Bambino Veira, conductor de aquellos jugadores y el arrollador juego ofensivo que hacía honor al histórico apodo “El Ciclón”, contribuyó a esa identificación con una hinchada que no tenía cancha pero reventaba todas.

 

El campeonato arrancó mal para San Lorenzo. En el debut cayó injustamente derrotado por Boca, 2-1. Sería una constante en el torneo: crear innumerables situaciones de gol pero perder puntos inmerecidamente. A la larga lo terminó pagando caro. Esa lluviosa tarde en Vélez (con las ausencias de Insúa y Rinaldi, convocados por Bilardo para la Selección sub 23, que ese mismo día jugó la final del torneo de Toulon) los postes y la gran actuación de Gatti le negaron el empate. En la segunda fecha fue Ferro quien se encontró una victoria sobre la hora, 1-0, gracias a un zapatazo de 40 metros.

Tras esa derrota, se sumó al plantel un jugador que terminaría siendo una figura consular: Armando Mario Husillos. Su incorporación le permitió al Bambino armar un esquema hiper-ofensivo. Partiendo de un 4-3-3, en pleno vértigo del partido se convertía en un 4-2-4, totalmente inusual en la época. Con el Negro Quinteros y el Gallego Insúa, repartiéndose el mediocampo, adelante utilizaba todo el frente de ataque: dos wines bien abiertos, el Toti Iglesias por la derecha y Rubens Navarro por la izquierda y una doble punta de lanza, con Rinaldi y Husillos. Mientras el Toti no se estacionaba sobre la raya, si no que hacía la diagonal para usufructuar su olfato goleador, el uruguayo garantizaba continuos desbordes y envenenados centros de zurda para la entrada fulminante de los otros tres delanteros. El dispositivo era elástico: tanto Rinaldi como Husillos, intercambiaban posiciones; cualquiera de los dos a su debido momento, se tiraba atrás y arrancaba creando juego desde tres cuartos de cancha en adelante. Cuando San Lorenzo atacaba incluso metía un volante más en el área, ya sea Insúa o Quinteros. También los defensores aportaban en ofensiva: lo demuestra la cantidad de goles que convirtió la dupla central Biaín-Higuaín y la constante subida de los laterales, ya sea Sosa, Hrabina o Alul. El plantel, rico en variantes, contaba con suplentes de jerarquía. Si faltaba alguno de los integrantes del sexteto de volantes y delanteros, podían ingresar Coudannes, Luna, Bueno o Perazzo y cumplir con similar eficacia.

Este dibujo táctico fue utilizado por primera vez en la tercera fecha y San Lorenzo consiguió la primera victoria del campeonato al derrotar a Unión 3 a 1. Pero en la cuarta jornada se perdió otro punto insólito. En el clásico en la Quema, Huracán alcanzó un empate milagroso, 2-2, con gol en contra de Biaín faltando dos minutos, en un partido en el cual el equipo de Veira creó no menos de 15 situaciones de gol. La recuperación llegó con dos victorias consecutivas ante equipos cordobeses: 2-0 a Instituto y 3-2 a Racing, jugando como visitante, en el estadio hoy conocido como “Mario Kempes”, en un partidazo que fue televisado en directo. El Ciclón se ubicaba segundo a dos unidades del puntero Independiente, su próximo rival. Pero en un vibrante encuentro cayó derrotado 2-3 pese a cumplir una gran actuación. El siguiente encuentro también fue televisado y terminó en un escándalo. San Lorenzo perdió 0-2 con Newell’s en Rosario, perjudicado notablemente por un viejo verdugo, el árbitro Abel Gnecco, que expulsó nada menos que a 5 jugadores: Biaín, Hrabina, Navarro, Pumpido y Cousillas. El partido finalizó a los 42 del segundo tiempo al quedar el elenco azulgrana en inferioridad numérica. Retomó la senda del triunfo goleando 4-0 a River, que tenía a sus profesionales en huelga y presentó un equipo juvenil donde se destacó un talentoso volante que jugó con la camiseta número 5: su nombre era Néstor Raúl Gorosito. Luego vino una caída 0-1 con Estudiantes en La Plata y tres triunfos consecutivos que colocaron al equipo en la lucha por la punta: 1-0 a Argentinos, 3-2 a Chicago (en un clima de gran confraternidad entre ambas hinchadas) y 4-3 a Temperley (donde jugó un joven Darío Andrés Siviski). Ciertos desequilibrios defensivos se compensaban con las innumerables situaciones de gol que generaba el Ciclón, quien era acompañado por una multitud: a esa altura del torneo San Lorenzo era primero en recaudaciones. Pero cuando estaba nuevamente a tiro de la punta, esos errores le costaron otra inoportuna e injusta caída, 1-2 con Vélez. Luego de tener fecha libre, volvió a convertir cuatro goles. Esta vez la víctima fue Talleres, que recibió un contundente 0-4 en Córdoba. A continuación, un golazo de Rinaldi, le dio la victoria 1-0 sobre Racing en Avellaneda (aunque en cancha de Independiente, donde su clásico rival hizo de local). Después volvió a perder otro punto en forma inexplicable, con Central de local y tras ir ganando. Los rosarinos quedaron con 9 hombres pero lo dieron vuelta. En tiempo de descuento llegó el agónico empate, 3-3 con gol de Iglesias. Llegó la fecha 19, la última de la primera rueda. Ante la gran convocatoria del pueblo azulgrana, Platense hizo de local en la cancha de River. Poco pudo hacer ante el poderío ofensivo del Ciclón que venció con autoridad 3 a 1. Al término de la primera mitad del campeonato, San Lorenzo era el equipo que había ganado más partidos (10 de 18), el más goleador (37 goles a favor) y estaba a 3 puntos del líder, Ferro.

Jorge Rinaldi supera a su hermano Osvaldo. El Ciclón derroto a Racing 1 a 0 con gol de la «Chancha»

La segunda rueda comenzó con un duelo esperadísimo. San Lorenzo volvió al estadio Monumental, esta vez para ser visitante de Boca, que tenía su cancha clausurada. 50.000 personas reventaron las tribunas, produjeron la recaudación más alta del campeonato y presenciaron un espectáculo emotivo. El equipo azulgrana estuvo dos veces arriba en el marcador. Increíblemente se le volvió a escapar la victoria en el último minuto, cuando en una jugada confusa donde se comete foul sobre el arquero Quiroga, llegó el inmerecido empate xeneize, 2 a 2. De todas maneras se mantuvo la distancia de 3 puntos con Ferro, el siguiente rival. Era un choque de estilos. El vertiginoso y arrollador Ciclón de Veira contra el amarrete y conservador Ferro de Griguol. Había que ganar o ganar. Y se ganó. Pero el partido no terminó: el juez Carlos Espósito lo dio por finalizado a los tres minutos del segundo tiempo, con el resultado 2-1 a favor de San Lorenzo, tras expulsar a cinco jugadores del equipo de Caballito.

Victoria azulgrana ante Ferro 2 a 1.
Victoria azulgrana ante Ferro 2 a 1.

Otra vez a tiro de la punta, era el momento de alcanzar la cima, pero llegó otra inoportuna caída, 0-2 con Unión en Santa Fe. La recuperación llegó contra Huracán. San Lorenzo hizo pesar la paternidad histórica y venció 2 a 1, exiguas cifras teniendo en cuenta la buena actuación del equipo donde sobresalió Husillos, autor de un gol extraordinario. Fue fiesta en el césped y en las tribunas, donde la Gloriosa recibió a los jugadores del clásico rival arrojando bolsas de basura.

Victoria en el Clasico ante Huracan!!

Después San Lorenzo viajó a Córdoba para enfrentar a Instituto. Y por cuarta vez en el torneo volvió a convertir cuatro goles. Fue tan brillante la exhibición que el equipo se retiró aplaudido por el propio público cordobés. El 4-1 final le permitió al Ciclón alcanzar la cima del campeonato, en compañía de Independiente, ambos con 29 puntos. Lamentablemente, no pudo disfrutar la punta porque en la siguiente fecha le tocó quedar libre, circunstancia que aprovecharon Independiente, Vélez y Ferro, para superarlo en la tabla. El domingo 30 de octubre de 1983 se realizaron las elecciones nacionales que pusieron fin a 7 nefastos años de dictadura militar en la República Argentina. Tres días después de aquella histórica jornada, San Lorenzo visitó en Avellaneda al puntero Independiente y en otra actuación superlativa, venció 2 a 0.

Victoria ante Temperley 4 a 3 en la Primera rueda. Partido para el infarto

 

Definitivamente se puso la pilcha de candidato y quedó otra vez a uno de Ferro, el nuevo líder. Pero en el próximo partido volvió a perder otro punto al igualar 2-2 con Newell’s, un encuentro que había dominado, hasta el empate leproso a solo 7 minutos del final. Rinaldi abrió la cuenta con un golazo y el segundo tanto fue el gol número 99 en la carrera de José Raúl Iglesias (como se verá más adelante, no fue un detalle menor). Luego volvió la contundencia al derrotar fácilmente a Racing de Córdoba por 3 a 0. San Lorenzo quedó un punto abajo de Ferro, pero con un partido menos porque ya había quedado libre. Era el momento de dar el salto. Pero todo se desmoronó en solo 4 días. El domingo 13 de noviembre llegó otra cita esperada en el estadio de River, ante el equipo local. Era un partido decisivo. Y lo terminó siendo, pero negativamente. La revolución de fútbol ofensivo que proponía el equipo de Veira borró de la cancha a River. En el primer tiempo Francescoli puso en ventaja a los locales, pero San Lorenzo fue una tromba y con goles de Insúa y Navarro terminó di vuelta el resultado. A los 9 minutos del segundo tiempo, Jorge Rinaldi le puso el broche de oro a una gran jugada colectiva y puso el marcador 3 a 1. El Ciclón se floreaba ante la algarabía de los cuervos que entonaban “Ole lé, ola lá, si este no es el fútbol, el fútbol dónde está”. Era una exhibición de alto vuelo y San Lorenzo estaba más cerca del quinto que del cuarto. La hinchada empezó a pedir que Iglesias convierta su gol número 100. Desde la tribuna bajó el clamor: “Aliente usted, aliente usted, para que el Toti haga los cien”. Los jugadores tomaron el mensaje, comenzaron a jugar para Iglesias y así se dilapidaron un par de chances. Pero además entró en escena Raúl Marsiglia. El árbitro omitió sancionar un claro penal a Rinaldi y anuló un gol legítimo de la Chancha por un offside inexistente. Como no era suficiente, el hombre de negro fue por más: a los 27 minutos del segundo tiempo cobró penal por una infracción de Higuaín a Francescoli un metro afuera del área, que el uruguayo cambió por gol. Y cinco minutos después el juez se encargó de empatar el partido. Inventó otro penal cuando Tapia se zambulló groseramente. Encima Quiroga atajó el disparo de Francescoli, pero éste convirtió tras el rebote. El 3 a 3 final, tan injusto como inexplicable, dejó al Ciclón dos puntos debajo de Ferro. Pero lo que pasó 4 días después fue peor. La del miércoles 16 de noviembre fue una noche negra que a la luz de los resultados determinó la suerte de San Lorenzo en ese torneo. El rival era Estudiantes en la cancha de Vélez. Otro choque de estilos opuestos. Casi desde el vestuario los de La Plata quedaron con 10 por la expulsión de Gette a los 2 minutos. A los 12 Husillos abrió el marcador. Con la ventaja del resultado a favor y un jugador más parecía encarrilarse el partido. Pero antes de terminar el primer tiempo, el Bocha Ponce ejecutó un tiro libre. Quiroga fue a un palo a buscar la pelota, se desvió en la barrera y entró mansamente por la otra punta. En la segunda etapa San Lorenzo se llevó por delante a Estudiantes, que aguantó el empate con sus armas características. Hubo un penal a Husillos no cobrado. Y llegó el último minuto. Y fue fatal. El técnico pincha, Eduardo Manera dispuso un cambio a los 44 del complemento con la sola intención de demorar y mandó a la cancha a Custodio Mendes. El Bocha Ponce tenía un tiro libre y se la tiró a Islas para hacer tiempo pero Ithurralde hizo repetir la jugada para que entre Custodio. Ponce lo vio picar, le tiró un pelotazo, el oriundo de Cabo Verde lo capturó sorpresivamente y en la primera y única bola que tocó, la clavó junto a un poste. Un gol insólito. Sacaron del medio y Rinaldi, desde el círculo central, fue gambeteando rivales hasta entrar al área y ser derribado por Miguel Ángel Russo. Ithurralde cobró penal. Pero el remate de Insúa, muy alto sobre el travesaño, se perdió en el cielo de Liniers. Y con él se fueron las ilusiones del campeonato. Para colmo Ferro ganó y estiró a 4 puntos su ventaja sobre San Lorenzo e Independiente. Después de esos dos tremendos mazazos, en la fecha siguiente volvieron los goles y las sonrisas. El Ciclón venció 3-0 a Argentinos, con el aliento conmovedor de su gente, que no paró de alentar bajo una lluvia torrencial que obligó a parar el partido dos veces. El empate de Ferro con Talleres, permitió descontar un punto tanto a San Lorenzo como a Independiente que también ganó. Pero vinieron otras dos fechas fatales.

Primero un empate 1-1 con Chicago, resultado que con el tiempo despertó suspicacias por la amistad que unía a ambas hinchadas. El ex presidente Fernando Miele, años más tarde declaró que los jugadores de San Lorenzo fueron a menos para favorecer al equipo de Mataderos que luchaba por evitar el descenso. Esa noche fueron expulsados Rinaldi e Iglesias. Justo en la semana previa se había anunciado la venta del Toti al Valencia de España. En principio se acordó que se haría efectiva al final del campeonato, pero Iglesias se fue un par de semanas después sin haber marcado su gol número 100. Después vino la derrota con Vélez, 2-3, aún así las chances de campeonar estaban intactas. El líder ahora era Independiente con 41 puntos, seguido por Ferro con 40 y San Lorenzo con 38. Posteriormente llegó la tercera visita a Córdoba. Y también fue victoria, sobre Talleres, 1 a 0. Las posiciones no se modificaron. Luego en otra jornada lluviosa le ganó 1-0 a Racing, haciéndolo caer aun más en la tabla y subiendo al mismo tiempo, ya que Independiente empató y Ferro quedó libre. Pero perdió una chance de volver a descontar, al igualar 0-0 con Temperley, justo cuando el equipo de Pastoriza también había empatado.

 

A dos fechas del final, los de Avellaneda tenían 45 puntos y los de Boedo y los de Caballito 43. El Ciclón visitó a Central en Arroyito, en un partido tan violento como bizarro. El árbitro Mario Gallina expulsó a cuatro jugadores canallas y a Husillos, Sosa e Insúa, de San Lorenzo. Y cuando en la cancha quedaban solo 7 futbolistas del equipo local y 8 azulgranas, Eber Bueno clavó un zapatazo en un ángulo. El público rosarino no aceptó la derrota, comenzó a tirar toda clase de proyectiles y Gallina cortó el partido 6 minutos antes del final. Independiente empató con Talleres y quedó con 46, mientras San Lorenzo y Ferro lo seguían con 45. La definición, agónica, llegó en la última fecha. Se jugó el jueves 22 de diciembre de 1983. San Lorenzo debía ganarle a Platense en la cancha de Vélez y a la vez esperar que Independiente pierda puntos con su rival de toda la vida, Racing (que ya había descendido la semana anterior) y Ferro haga lo propio con Huracán. El equipo de Veira cumplió su parte y derrotó claramente al Calamar, por 2 a 0. Huracán, inesperadamente, nos dio una mano al empatarle al verdolaga 1 a 1, pero el Rojo de Avellaneda se aprovechó de su vecino descendido, le ganó con facilidad 2 a 0 y se llevó el título.

Gran triunfo azulgrana en Rosario ante Central
  • La campaña fue excepcional: 20 partidos ganados sobre 36 jugados, con 69 goles a favor y 42 en contra (lo que da una asombrosa diferencia de gol de +27). Con el actual sistema de tres puntos por partido ganado San Lorenzo hubiera sido el campeón. No solo eso: también tuvo el mejor porcentaje de puntos obtenidos. Logró el 66,67 % de los puntos en juego contra el 64,42 %  de Independiente, a quien derrotamos incuestionablemente en Avellaneda y para lamentarnos más, terminó siendo campeón de América y del mundo.
Gol del «Tucumano» Quinteros a Platense en la ultima fecha del certamen.
  • La revolución futbolística de que generó San Lorenzo arrasó rivales en los campos de juego y en las tribunas. Finalizó primero en la tabla de recaudaciones y provocó un fenómeno popular tan grande que el presidente de Vélez, Petracca, dejó de alquilarle la cancha porque sus hinchas se hacían cuervos.

  • Por eso el pueblo azulgrana, festejó como si hubiera salido campeón; al finalizar aquel último partido con Platense, una multitud invadió la cancha y dio la vuelta olímpica, entonando el emotivo ……….

  • “Gracias Ciclón por todo lo que hiciste, esta tu hinchada no se lo va a olvidar, gracias Ciclón por todo lo que hiciste, esta tu hinchada te quiere de verdad”.

Por Victor Pradel