Carta de Osvaldo Alvarez desde Madrid.

A la vejez…ilusión y sueños.

La primera vez que oí hablar de volver a Boedo debería ser allá por los finales de Miele. No eran buenos tiempos, se debía todo, se anunciaban ruinas y privatizaciones y en mi desolación pensé si era necesario abrir otro frente con todas las batallas que teníamos en disputa.

Evidentemente que no era Adolfo y su docencia preclara y con todas las respuestas necesarias las campanas que yo había leído o escuchado. Pasado un tiempo comencé a escuchar su programa y me puse en contacto con él, establecí una buena relación y hace años que no pierdo uno excepto en esa temporada en que el programa fue a las 23 hs. y que dada la diferencia horaria me lo impidió. Cuando lo conocí fisicamente debió ser allá por el 2000 y ahí me termino de ganar absolutamente. Me habían prevenido contra él, que si era un iluminado, que andaba todo el día con carpetas, que estaba loco y al ver sus ojos claros durante unos segundos temí que tuvieran razón pero su calidez y cercanía me hizo olvidar cualquier reserva y enseguida supe que tenía razones, que las exponía, que las defendía no solo con entusiasmo sino con solvencia y uno que se ha pasado la vida soñando con utopías no me costó trabajo subirme a esta, quizá la más cercana y por ende la más justa en las que he participado o asistido más o menos en posición de preferencia porque la vi crecer y concretarse. Yo no sé muy bien que dice el diccionario del término utopía y por ahí me equivoco pero yo lo tomo como motor de las energías humanas, de los sueños de justicia, del anhelo de mejoras para los seres humanos de modo que algunos se sorprendían que yo hablara de utopía con entusiasmo y certezas de lo posible. Me costó convencer a gente cercana que, como es costumbre se convencieron cuando le vinieron a comer la oreja otros con más rango y presencia pero lo doy por bien pagado aunque algún descreído siga sin reconocer realidades argumentando que lo bueno es ser desconfiado. Allá él.

La Vuelta se ha convertido en el último (o casi) refugio de entusiasmo en mi madurez ya entrada en veteranía, llevo no menos de 15 años siguiendo esto y aunque por razones más que evidentes ya hace tiempo que no hablo con Adolfo porque su agenda ya no es la misma, trato de estar informado y seguir al minuto lo que pasa aunque no desconozco que ignoro infinidad de detalles.

En la marcha del Centenario hablé con Roberto Pando a quien yo conocía del barrio desde pibe, me dijo que su hijo vivía en España, en Andalucía y al volver lo llamé porque sabía que trabajaba en el proyecto, nunca dejé de buscar información y hasta puedo decir que en su visita a Madrid el Presidente Lammens me convenció de que esto no tenía marcha atrás siendo el primer mandatario con el que hablé que no ignoraba o despreciaba el sueño sino que lo hacía suyo aunque es justo reconocer que Abdo se había pronunciado públicamente pero duró tan poco que poco pudo hacer.

Quiero decir con todo este atropellado relato que La Vuelta con Adolfo, Diego y el formidable y silencioso sanlorencista que es Daniel Peso han alegrado mi decrepitud casi inminente y si ningún canalla lo impide yo me voy a ir de este mundo con la felicidad de haber vivido La Vuelta y con el privilegio de estar entre los primeros 100 socios refundadores lo que certifica mi modesto compromiso desde el principio junto a la gran mayoría de nuestra Peña que exhibió la primera bandera sobre La Vuelta en un match internacional de la Selección Argentina en noviembre del 2009 en el Calderón, la misma bandera que hizo el Camino de Santiago para agradecerle al Apóstol que nos salváramos del descenso y que intercediera para volver y que portaron Jorge Pastore, Fernando Carletti, Leonardo Heit y Rodrigo Bueno. Pese a algún claroscuro nuestra Peña estuvo con La Vuelta desde su fundación y hasta hay un miembro que es casi un terrateniente en metros adquiridos pero que tiene absolutamente prohibido por modestia personal hacerlo público.

Osvaldo AlvarezPor todo este sueño que me toca vivir aunque es evidente que no podré disfrutar físicamente agradezco a todos los que se han partido el pecho, la cara, la salud, desde el llano y contando como principal arma que la razón y la justicia. Mi ya cercana vejez no hubiera sido igual sin su utopía, sus sueños, su lucha, sus razones.

Según dicen los que tienen la precisa y públicamente ha dicho nuestro presidente, en pocos días también le agradeceré a él, a quien yo creí desde que vino a Madrid por mostrarnos a todos lo sanlorencistas la escritura pública del predio que nunca debió dejar de ser nuestro y que sentimentalmente no dejó de serlo. Por una vez la Justicia, la democracia y la razón apuntaron para el lado de los buenos.

Y después de eso ¡El Estadio! Porque que nadie lo olvide ni desconozca, ahí hubo un estadio, el mejor situado de la Ciudad, el más grande durante décadas y para muchos porteños, sanlorencistas y no sanlorencistas el más lindo, el más futbolero, el Templo de Avenida La Plata, el Wembley Porteño, el Viejo y Querido Gasómetro de la Avenida La Plata.

Ya lo decía la Violeta: “gracias a la vida que me ha dado tanto”. Y no puedo dejar de agregarle el tanguero y turístico “¡Vamos Todavía”!

Osvaldo Álvarez, socio refundador 00097.

Peña Osvaldo Soriano, Madrid, España.

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