Carta de Ezequiel Diaz, socio refundador!!!!

Carta de Ezequiel Diaz, socio refundador 

“…Cien barrios porteños, cien barrios de amor, cien barrios metidos en mi corazón…”.

Que equivocado estaba Alberto Castillo al entonar esa frase en su recordado vals “Cien barrios porteños”.

Por un lado, es doblemente exagerada la cantidad de barrios en comparación con la realidad. Por el otro, no existe manera de meter cien barrios en el cuore si entre ellos se encuentra Boedo. Ni siquiera en el corazón de Jacobo Urso.

Y no me refiero por sus 2,6 kilometros cuadrados, sino por toda su historia, patrimonio, significado, cultura y tantas otras cosas que lo convierten en un barrio único e irrepetible en todo el planeta.

Nací en Rosario, cuna de la bandera. Tierra del Che, Messi y Olmedo. Me crié con el café El Cairo, no el café Margot. Vivo cerca de la cancha de Newell´s, no del Nuevo Gasómetro. Voy a las playas del Paraná, y no a las del Rio de la Plata. Comemos un carlito (gatos también, según las malas lenguas), en vez de un tostado. Soy más rosarino que el monumento y me como las “s” para hablar.

Así y todo, llevo en el corazón al barrio de Boedo, donde nació el ciclón.

Siento que fue ayer cuando pise Boedo por primera vez, en el marco del centenario del club. Mi primera parada fue la sede de Avenida La Plata. En un principio me sentí un turista, recorriendo y capturando eternos retratos con mis retinas.

Habrá sido después de caminar el barrio, sus calles, ver las pintadas, murales alusivos a San Lorenzo, cruzarse con miles de hermanos cuervos. Luego si me sentí un vecino más del barrio, como si hubiese vivido ahí toda mi vida.

Feliz Socio Refundador Ezequiel.

Feliz Socio Refundador Ezequiel.

Ni hablar cuando sentí el eterno espíritu del Gasómetro queriendo ser opacado por una sucursal de una cadena de supermercado.

Habrá sido la capilla de México y 33 orientales, la caravana por todo el barrio, o haber dormido en la recién recuperada plaza Lorenzo Massa por no tener un peso. Respiraba San Lorenzo en cada esquina, en cada paso que hacía. En ese momento fue absorber cien años de pura historia azulgrana de golpe.

Pero entendí. Logre entender,

 

aceptar y disfrutar esa relación directa y eterna entre el club, el barrio y cada cuervo en el mundo. La Santa Trinidad Azulgrana; fue un momento de iluminación mandado por el no todavía Papa Francisco. En ese momento supe que era algo intangible y difícil de explicar, pero demasiado fuerte y real.

Desde este acercamiento fue que me comprometí de lleno con la causa. Primero con la compra de las remeras de la subcomisión del hincha, después no comprar absolutamente nada en ninguna sucursal de ese supermercado del demonio, y finalmente con la difusión.

Hasta que se me presento la chance de colaborar con la Vuelta comprando metros cuadrados para adquirir los terrenos. La chance de ser socio refundador. Tener el orgullo de fundir nuevamente a nuestro querido Ciclón. Tomar la posta y seguir los pasos del Padre Lorenzo Massa, de los hermanos Monti, de Pedro Bidegain. Entrar en la historia, y formar parte de ella eternamente. Doy santa fe que no hay campeonato, copa o gol que pueda igualar esa sensación.

Fueron más de 1000 días de espera desde que decidí comprar mi metro cuadrado, mes a mes pagar con orgullo la cuota del plan Vaccaro. Fueron 36 meses de espera, ver como crecía el fideicomiso de la mano de la ilusión y anhelo de la gente.

Una cuestión de estado que trascendió el hecho de que la pelota bese o no la red, excedió las fronteras del país e incluso de las camisetas.

Un 3 de octubre del 2015, en un partido contra Rosario Central que encontraba a San Lorenzo peleando por llegar a la cima del torneo, llegó el tan ansiado momento. En la previa de este partido, tuve el honor y orgullo de recibir mi carnet de socio refundador en el campo de juego del Nuevo Gasómetro.

Campo de mil batallas, escenario de vueltas olímpicas, y desilusiones también. Recinto de goles mitológicos, escuela de tablones, teatro donde entona sus gritos sagrados La Gloriosa, la filarmónica más pimpante del mundo.

Esas tribunas azulgranas e infinitas, testigo de lágrimas, risas, gritos que quitan la voz y epopeyas futbolísticas que voy a atesorar en mi corazón por siempre.

Si decimos que la vuelta es una luchar, quiero hacer un apartado para el Teniente Marcelo Culotta, mano derecha de nuestro líder y alma mater de todo este sueño, el General Adolfo Resnik. Previo a la entrega de los carnets, supo como inflar aun más mi pecho de orgullo con sus palabras alusivas a la causa. Un verdadero héroe de guerra, hincha genuino capaz de guiar a todos sus soldados de la vuelta hacia la tan ansiada condecoración.

El desfile de las tropas fue por las líneas del campo de juego. Líneas de cal surcados por Buffarini y Mas, héroes contemporáneos que supieron llevar de la nada a la gloria a nuestro querido Cuervo.

Creo que me resulta casi imposible trasladar al papel el ciclón de sensaciones que me nacieron en esos momentos. Una mezcla de asombro al admirar a La Gloriosa, pero desde el corazón del estado. Recuerdos de miles de partidos que me toco presenciar. Honor y orgullo por aportar mi granito de arena a la causa más noble que cualquier sanlorencista pueda llegar a participar.

Aunque estos sentimientos fueron solo algunos de todos los que afloraron. Solo algunos de los que puedo volcar en esta carta, el resto es inexplicable hasta para mí.

Al salir del campo de juego, me sentí realizado, que ya estaba hecho, que cumplí. Pero este sentimiento fue efímero y volátil. Me di cuenta que fue solo el comienzo.  Fue un incentivo para seguir en esta ardua lucha, antes utópica.

Aun queda mucho por hacer, ya que volver a Boedo esa es mi ilusión.

Jure que no iba a parar hasta volver a Boedo.

Jure que muy pronto volveremos a levantar los escalones en Boedo.

Jure que me veras volver. Ya volvimos.

¡Al barrio que a San Lorenzo lo vio nacer!

 

Ezequiel Diaz

Socio Refundador 

 

 

 

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