19 AÑOS SIN OSVALDO SORIANO.

19 AÑOS SIN OSVALDO SORIANO

“Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias, extraño la callecita donde mataron a mi perro y yo lloré junto a su muerte y estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo todavía a partir de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para tener nostalgia de eso” Juan Gelman, 

TE EXTRAÑAMOS  QUERIDO “GORDO”

“El Gasómetro se perdió en circunstancias confusas que ya nadie quiere recordar y en la decadencia, también se extraviaron terrenos (Rivadavia y Yatay) y otras propiedades irrecuperables”  Osvaldo Soriano

Confieso que cuando leí esta frase a principios de los noventa, sentí una terrible angustia y recordé a mi Viejo discutiendo con otro Cuervos, porque sentían vergüenza del estadio de madera, no tengo dudas que no hablar del Gasómetro y su gloria de tantos años tras el saqueo de 1979 a 1982, fue parte de los que buscaron sepultar los tiempos de Avenida La Plata y que nosotros desempolvamos a partir de 1998.

soriano019 (3)La pérdida de Osvaldo Soriano significó un duro golpe para aquellos que seguíamos sus editoriales y  nos devorábamos  sus libros.

Aquella tarde-noche del 29 de Enero de 1997, cuando me enteré de su muerte, sentí una profunda angustia, algo que no me había sucedido antes con el fallecimiento de ningún personaje público, pero más allá que no tuve la suerte de haber conversado una palabra con él, lo sentí como si hubiera partido el mejor de mis amigos. Me enteré de su muerte por un noticiero radial en el negro y amarillo que el menemismo y su política de pizza y champagne me llevó a manejar en la segunda década infame de nuestro país. Fui en ese tiempo uno de los tantos excluidos y por ello me llegó tanto su libro “Una sombra ya pronto serás” que lo devoré con una mezcla de bronca y rebeldía a ese régimen noventista. Confieso que aquel día 29 de Enero de 1997 al enterarme de su fallecimiento me puse a llorar dentro del taxi, la pasajera me preguntó que me pasaba, no le respondí, seguramente lo que relataba la radio no le rozaba en lo más mínimo.

Claro que el gran Osvaldo fuera “Cuervo” fue un plus que me acercó a su literatura criticada por los “grandes intelectuales” mayoritariamente antipopulares, pero los pasó para el cuarto cuando sus obras fueron publicadas en varios idiomas.soriano019 (3)

Tuve la oportunidad de estar físicamente cerca suyo en dos oportunidades casi de casualidad, la primera vez  en la primavera de 1973, en el café San Lorenzo de Avenida La Plata y  Avelino Díaz cuando mi querido Viejo lo vio sentado en una de las mesas y se acercó para felicitarlo por su libro “Triste solitario y final”, recuerdo que Soriano le agradeció con una sonrisa poniéndose colorado, me quedó grabada esta imagen por siempre. La otra fue en 1976, una mañana en el Viejo Gasómetro,  con dos compañeros de la escuela secundaria José Luís Delpini, nos rateamos y fuimos a ver un entrenamiento de San Lorenzo, al ingresar reconocimos a varios periodistas entre ellos a Osvaldo Soriano.

Durante años creí que esto había sucedido en 1975, por lo de su exilio con la dictadura, pero no me cerraba estando seguro que ese día que lo vi en el Gasómetro,  fue el año del golpe militar, hasta que un día al contarle esta anécdota a  Enrique Escande, “Quique”  me dijo que Soriano, estuvo unos meses en nuestro país  después del golpe en 1976 antes de su exilio definitivo.

Fue Osvaldo Soriano junto con Don Arturo Jauretche quien me enseñó a mirar más allá de las narices, me devoré no solo  todos sus libros, sino que leía todos sus artículos que escribía en Pagina 12, y fue Soriano quien me enseñó a  no quedarme con cada información que me dan de primera, como válida, fue Osvaldo Soriano quien me enseñó que la opinión sobre un suceso es un negocio.

El “Gordo” solía afirmar: “Me siento incómodo en la televisión, pero tampoco voy a negar que lo hago cuidando  a mi lector, mi lector es joven y muy cuidadoso de los detalles de mi vida, el límite para mí sería una foto con mi hijo y en mi casa, jamás voy a mostrar los pies, ni me voy a tirar a la bañadera con espuma para que me hagan una foto, tengo pudor y mi vida privada no le interesa a nadie y la frivolidad me parece una enfermedad social , más que molestarme la opulencia, me da vergüenza” .

Sentí  su ausencia en esta lucha por la Vuelta a Avenida La Plata, tanta veces lo imaginé, caminando al frente de cada marcha a la Legislatura, Plaza de Mayo o la Embajada francesa., tantas veces imaginé su pluma brillante haciendo mención en una editorial para que San Lorenzo vuelva a Boedo con Estadio y Sede Social. Alguna vez en el fragor de la lucha acalorada dentro de la Legislatura escribí un artículo titulado “Osvaldo Soriano hace lobby desde el cielo” y justamente él que no creía en los cielos, pero desde su amor a San Lorenzo, me habrá sabido disculpar por este título.

En el cierre de esta editorial quiero compartir unas líneas del recordado José María Pasquini Durán sobre Osvaldo Soriano “No era hombre de partidos ni de facciones y salvo el de San Lorenzo no tenía otro carnet. Defendía la libertad con pasión de anarquista y creía que la injusticia era intolerable en cualquiera de sus formas”, “Su adhesión a la utopía de la sociedad feliz lo hirió hondo en las derrotas, pero lo salvó de convertir la tristeza en cinismo. Defendía los derechos humanos como base indispensable para la convivencia y la dignidad de las sociedades, pero llevaba ese compromiso hasta la minucia de cada persona, sobre todo cuando se trataba de los que perdieron todo, a veces hasta la esperanza de tener algo algún día”

Se cumplen 19 años de su partida y me parece increíble, me siento huérfano de alguien que con tanta lucidez y calle a la vez nos hacía pensar cada día, siento la falta de quien con clara honestidad intelectual, nos ayudara a combatir tanta hipocresía y frivolidad reinante. Claro que en estos días me dieron ganas de releer tu primera novela “Amanece con un cielo muy rojo, como de fuego, aunque el viento sea fresco y húmedo y el horizonte una bruma gris”

Adolfo Res (Historiador C.A.S.L.A.)

 

One comment

  • Ignacio Scallan

    Adolfo, somos varios los que, en mi caso el 30 de enero de 1997, sentimos esa profunda angustia de pérdida. Todos los fines de año esperaba poder comprarme la nueva publicación de Soriano que me iba a acompañar en mis placenteros momentos de lectura de las vacaciones. Tampoco tuve la suerte de haber conversado con el, pero si estuve en un programa de radio que al comienzo de los 90 tenía Lanata en la Rock & Pop de la avenida Belgrano, se llamaba “Hora 25″. Tuve la suerte de anotarme para presenciar un programa. Y sin saberlo me tocó el que Soriabno era el invitado.
    Hacía frío y mi costumbre de puntualidad, me hizo llegar temprano, antes de entrar fuimos con mi novia, futura esposa, actual ex mujer a tomar un cafe en frente. Al volver a la radio, al cruzar la avenida percibo a un hombre grandote con una gran campera naranja, meando en el arbol como un niño. Seguimos nuestros pasos, nos anunciamos en planta baja, y en ese momento, aquel hombre de campera naranja sube la escalera directo al estudio. En ese momento lo reconocí.
    Al subir y entrar al control, desde donde veíamos el programa, veo a Jorge sentado y enfrente su invitado Osvaldo Soriano, con la campera naranja en el respaldo de la silla.
    Esa es mi anecdota sobre Soriano y hoy quería recordarla.
    Saludos.
    Ignacio Scallan

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