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Carta de Juan Pablo Fantino, socio refundador.

Cualquier similitud con la realidad, no es pura coincidencia, es siempre… elección.

 

Rompiendo con la tradición, en la herencia de colores paternos, dicha falencia en el árbol genealógico y la eterna testarudez de un primer hijo único, parecía retraer mi elección frente a la primera pregunta obligada hacia un purrete por parte de ajenos al saludo callejero, o entre las parcialidades del resto de la familia los domingos, con el famoso interrogante mezquino, de estrategia balance, para inducirte a si sos uno u otro, sin espacio a ser muy diferente…

Fue en ese entonces, frente a un quehacer doméstico, cuando un amigo laboral del más antiguo de la familia arribo a afrontar dicha tarea. Entusiasmado por el oficio de aquel hombre, compartido al del viejo pero que por tercera edad ya no podía cursar, pareciera que todo lo que dijera o hiciera, debía copiarlo e imitarlo, dejando atrás esas contradicciones que por forzoso expresaba. Unas simples palabras de aquel ferroviario iniciaron la historia, cuando era un infante acido de persuadir, esbozando en vez de aquel interrogante común cotidiano, una sorpresiva afirmación, ¡La de levantar la bandera azulgrana!

Con la iniciativa tomada, muy errado estaba en un discurso inocente, tanto por inmaduro e ignorante diciendo que “combinaba un color de cada uno” para seguir escapando a esos domingos de insistencia por parte de los demás. Mucho tuvo que ver mi preciada madre, como defensora de decisión, para hacer valer por mí mismo, a pesar de la escasa pilcha de aquella época, de sus bajos recursos y otros colores, cuando recorrió cada rincón imposible, consiguiendo la casaca, regalo que acompañara, los entrenamientos de deportes que por obligación cursaba, para mantenerme ocupado en su ausencia y formarme bajo las estrictas disciplinas que lo físico y mental demandaban. De todos ellos, baloncesto, natación, ajedrez entre otros, el fútbol fue mi parada favorita y transpirando cada uno, defendí esos colores en los entrenamientos por los primeros años hasta la adolescencia, naciendo propio, para sacarme de encima el prejuicio acompañante de los que por inferioridad e inconveniencia, me querían someter y suprimir.

Más adelante, cuando la redonda era el sueño para la segunda pregunta que te regalan al verte crecer, en esas mismas misas de domingo familiar, para saber qué vas a hacer de tu vida cuando seas grande, primero, debía finalizar estudios. En busca de los gustos que anestesien el obligado deber, un colegio industrial salesiano en zona norte, muy lejos de mi residencia, en el oeste de la provincia, permitía a largos viajes diarios, ejercer aquel oficio que tanto me había llamado la atención tiempo atrás y me habían enseñado con lujo de detalle mientras crecí, además de dar espacio al saber que necesitaba demostrar y plasmar en tiempos libres, llamados ateneos, el cuero redondo de la ilusión en un predio compartido por la entidad, de nombre Claudio Marangoni, el pique de la grande, carreras al mejor tiempo y hasta los científicos movimientos en una biblioteca. Tres pasiones se unieron en los años clave de un hombre y cuando ya tenía a fuego marcado lo vivido, leí que, misma suerte, el padre Lorenzo transmitió en adolescentes, a principios del anterior siglo y de algún extraño modo se había depositado en mí, cuando mis amigos compañeros y hasta profesores, olvidaron mi nombre real y solo me referían como el capitán cuervo.

Juan Pablo mostrando su carnet de socio refundador.
Juan Pablo mostrando su carnet de socio refundador.

La realidad, siempre come tobillos y al cumplir la mayoría de edad, concluido el secundario, te da la sensibilidad de sentir en la piel de los pies, que debajo de la suela, existe la tierra y a uno, que mucho andar tuvo, el callo del talón le demanda, trabajo y casa, que felizmente se convierte por el amor, en consecuente hogar y familia, donde haces realidad tus sueños y los domingos, son parar copar donde se juegue, la semana para hacer deporte, construir sociedad y dejar de condicionar el futuro con preguntas ideales de mesa armada

Así cruce camino con la compañera, que difícilmente alguien entienda, ferroviaria del Oeste, residente de capital federal, Flores, de mismos ideales, aunque con colores diferentes, que al mostrarle mi corazón, me acompaña día a día en la lucha. Hoy como sueño compartido, desde Boedo al mundo, depositamos las coincidencias en el lugar donde crecemos como relación y en el que, nuestras nueve estrellas en la bandera, eligieron para hacer la institución que soñaron.

Ser socio re-fundador, es la reivindicación de origen, identidad y pertenencia. En estos cinco metros, tres propios como mis pasiones y dos compartidos para forjar el mañana, sin forzar las casualidades, son el camino elegido y construido, que nos une en la misma causa. Solo resta que se escriba la historia del mañana, la mía y la de ella, la de él, viejo gasómetro querido, la de los que vendrán y la todos nosotros, juntos, sobre las bases firmes elegidas, como Club Atlético San Lorenzo de Almagro, en Av. La Plata al 1700 y para siempre.

Ya hicimos dos canchas, hacer tres (Estadio Papa Francisco) de nosotros depende

 

Juan Pablo Fantino| Socio Ref. N°3933

Carta refundadora desde Suiza!!!

Difundimos la carta de Juan Cruz (escrita antes de la firma del boleto).

 

Carta de Socio Refundador

 

Con este clima tenso de burocracia especulativa y lapiceras sin tinta, creo que me llegò el momento de ecribir mi parecer respecto a lo que representa en mi corazòn ser socio Refundador.

A primera lìnea, admito que el término de refundador me parecìa exagerado, ya que si bien el objetivo es volver a la cuna, no me siento fundido o por no decirlo ; muerto.

Pero los meses, ya años me fueron explicando la razòn a este calificativo de Refundador. Todo gracias a una persona, que cumple en si misma dos roles fundamentales para que hoy en dìa estemos a horas de firmar la adquisiciòn de las tierras de avenida La Plata. Justamente esto fué gracias al empuje del pueblo azulgrana, que decidido concientemente de la importancia de la lucha, saliò a las calles y plazas a ganar. Porque al fin de cuentas, todo lo que logramos hasta hoy fué de la mano del hincha en una actitud determinante, despertada y  guiada por el sentimiento contagiado desde dicha persona, que no es màs que un hincha màs.

Por lo que no me queda nada màs que agradecerle a este hincha. Agradecerle en primer lugar, que haya tenido la perspicacia de ver en el tiempo un San Lorenzo reencontrado con su fuente natal.

Son varios los que hoy en dìa portan la insignia del camino de la vuelta y lo tienen muy bien merecido desde mi punto de vista de hincha que busca referentes. Pero es inevitable no referirse a él, si de Volver se trata. Lo màs lindo de esto, es que esa persona, hoy se transformò en miles y cuando pronunciamos su nombre, nombramos mucha gente. Si a los grandes que se cargan un manto popular se los compara representativamente con ser una instituciòn,  entonces serà,  Adolfo Resnik  un Ministerio de la pasiòn.

Muchos interpretan como que Adolfo soñò esta gesta. Yo creo que èl pudo transportarse en el tiempo y visualizar en el futuro un CASLA con identidad y pertenencia. Esa frase que escuchamos Domingo a Domingo.  Por eso la importancia de volver al barrio, de pregonar la historia del club. Este es el segundo item, el cual le estaré eternamente agradecido. Es fundamental y digno de un luchador de alma que lleva una ideologìa azulgrana contagiosa a todo momento y en todo lugar. Si volverìa en una maquina del tiempo, sin dudas pondrìa fecha y hora en ese  bar donde se juntaba junto a su hermano Diego y amigos a destripar la utopìa, solo para escucharlos y contemplar el màximo exponente de la locura existencial en ellos. El club y la historia los estaba llamando y a gritos. Habìa que actuar.

Muchos le pedimos y soñamos con verlo nuevamente activamente dentro del club y por que no al mando. Pero a decir verdad y con todo respeto a la desiciòn de sus caminos ; no hay dudas que està en el mejor de los lugares, el màs fundamental para mantener viva la insignia triunfal ; el de recontarnos semanalmente la maravillosa, sorprendente y rica història de San Lorenzo de Almagro. Porque si no estarìa Adolfo, no que serìa de mi identidad y mi sentimiento de arraigo. Quizas nunca hubiese tomado a pecho la historia de vida de Jacobo Urso, el esfuerzo de La familia de Federico Monti, la lucha de Don Pedro Bidegain, por solo nombrar algunos en el plano institucional y deportivo. Gracias por eso, que es darme cuenta que ser cuervo, es ser hincha del club màs ganador de la historia del deporte argentino…estadìstica que me sobra porque no pretendo tanto. Serà que Yo me hice cuervo solo y de la nada, sin conocer Boedo, sin cancha y sin copas. Enamorado de su hinchada y estos colores, para que muchos años después venga un tipo a contarme lo que es ser grande ayer hoy y siempre. A ilusionarme màs con un adquirir un cachito màs de historia en mi saber, importàndome mucho màs que la ùltima compra de refuerzo en el equipo de hoy.Juan Cruz

Por eso esta carta es carta, que sin Adolfo no habrìa la chispa que encendiese esta llamarada de furia por Volver que tenemos, al menos 26mil cuervos. Vamos, redondiemosle a 30 mil màs sus hijos menores. Esos, nosotros. Los que sin ver nada y mismo sin pretender ver nada, fuimos a ciegas a comprar nuestro metro cuadrado concientes de que la pasiencia de la pasiòn, sabe que todo llega.

Esta posiciòn de Socio Refundador no me atribuye a reclamar nada. Yo puse y ya està. Y dentro de lo posible  intentaré comprar otro metro màs. Solo quiero màs transparencia y comunicaciòn de parte del club, simplemente por una cuestiòn de respeto e identificaciòn como hincha para con la conducciòn, eso vale mil copas.  Tampoco ser Socio Refundador me otroga un rango que nivele mi pasiòn por encima de quien no lo es. Quien se crea esto, a mi parecer està muy equivocado. Quizas aquel que todavìa no comprò su metro cuadrado, nunca encontrò la sintonìa de radio genesis para entender el valor de esto,  o quizàs la falta de un padre o abuelo que le cuente de las tardes del gasòmetro. Yo creo que alcanza para entender los motivos de la vuelta con ver esa foto a principios de siglo XX, donde figuran los chicos del oratorio con el escudo de San Lorenzo, nada màs representativo en cuestiòn de identidad.  A mi, esa foto me diò a entender por lo que se emprendiò esta lucha de la que hoy soy parte.

En cuestiones de sentimientos y sensaciones, recibir el carnet de Refundador aca en Suiza desde donde hoy vivo y escribo,  fué sentir La Pertenencia.  Aunque admito que fué mucho màs fuerte ver aquel recibo de primer pago por correo electrònico. Ese dia me dije : estoy adentro, Soy San Lorenzo.

Pero que paradoja, decir que una cuota mensual que  apenas equivale a el valor de dos botellas de fernet branca, ese esfuerzo que no es poco , te  da la posibilidad de que las generaciones futuras te lo agradezcan y veneren por la eternidad, de que mi nombre figure en algùn lugar del futuro estadio Papa Francisco. Que regalo Ciclòn de mi vida !  y que injusto también por quien dejò su garganta alentando al equipo de los camboyanos y quizas nunca viò nisiquiera el Bidegain, ni tampoco gritò campeòn durante màs de dos décadas y hoy ya dejò esta tierra. Ellos también son refundadores, porque mi bautismo en cancha fué admirar a esos gloriosos del tablòn que con la vitrina polvorienta, esa generaciòn anterior a la mìa ; fueron mi razòn de ser. A ellos este metro cuadrado.

Y que hermoso ser de San Lorenzo en este momento de su existencia !, porque no me olvido que hubo quienes dejaron làgrimas en avenida La Plata de donde fuimos desarraigados por el poder de facto y que Boedo sin el Ciclòn perdiò mucho de su vida social y encanto barrial.  Que suerte me da la vida de poder ser parte de esto. No se compara ni de asomo con ganar una Libertadores porque la intensidad de este logro es como un gol de René Pontoni, donde el sueño entra  rodando lentamente, empujado con sutileza.  Si bien algunos ya intentaron despejarlo,  somos muchos los que sabemos que esta utopìa va a terminar en gol y el rival tendrà que ir a buscarla en la red y salir jugando desde el medio de la cancha nuevamente, pero en  Boedo, de donde no nos tendrìamos que haber ido nunca.

 

Juan Cruz Quirno Costa (Socio Refundador docemil y pico)

Carta de Javier Ñiguez, socio Refundador!!!!

Carta de Javier Ñiguez, socio Refundador

 

Ser socio Refundador es el orgullo más grande que un cuervo puede tener en su vida. Es la lucha por la identidad robada, es la lucha por recuperar el barrio, es la lucha de mucha gente que ya no está, que lo sufrió en vida, el robo de nuestras tierras, de nuestra historia. Por la gente que ya no está,  por los que estamos y los que vendrán, el desafío más importante que tenemos como institución es recuperar lo que nos fue robado. Ya no me importan refuerzos, títulos, si la marca de la camiseta, si jugamos a cualquier hora y cualquier día, quiero LA VUELTA!!! Esta gente que está al frente de club esta en las puertas de quedar en lo más grande de la historia del club!. Pido que dejen las distracciones mediáticas, políticas y que por favor se concentren en LA VUELTA AL BARRIO! Y si no alcanza con los pedidos de los q estamos acá en el país, la cuervada que está en el exterior también se sume al reclamo.Niguez

Mi máximo orgullo es ser SOCIO REFUNDADOR, ya tengo 2 m2 y estoy pagando el 3ro.

Gracias a todos los que se ponen la causa de La Vuelta al hombro. De mi parte apoyo, acompañamiento, respeto y admiración. Gracias a ustedes por dejar expresar mi ilusión, mi dolor y mi amor por la causa más noble por la que estamos luchando hace rato y ojala termine pronto con la conquista máxima: LA VUELTA!!!!

Nos vemos en Boedo!!

Javier Ñiguez

 

“Semilla de mi corazón” Carta de un socio refundador!!!!!!

Semilla de mi corazón

Con la penuria de no poder haberte visto, querido y amado Gasómetro, te escribo estas palabras.

A través de distintas voces, distintos videos, escrituras y fotografías pude conocerte, pude saber de la gloria que llevaron tus tablones. Aquellos tablones que pudieron ser de cemento, pero, viste, la historia de San Lorenzo tiene esta espina clavada en el corazón.

Grandes equipos pudiste ver, grandes jugadores, pero no sólo de futbol, sino también de distintos deportes, porque en Boedo creaste un Club con todas las letras, para que todos los amantes de los distintos deportes pudiesen acercarse y disfrutar de tus instalaciones y hacer de San Lorenzo un Club inmenso, envidiado por las demás instituciones.

Y no eras una piedra en el zapato de ningún otro, como hoy te hacen llamar, eras el portador del zapato, y supiste ser el ganador en todos los deportes que albergaste.

Años de gloria, años de muchos eventos sociales, dentro y fuera del club, calles colmadas, los vecinos del barrio felices de ir a verte diariamente, y de estallar en fervor los domingos, posados en tus tablones, tus resistentes tablones, que ni alcanzaban para la cantidad de gente que iba que hasta tenían que colgarse de distintos lugares para poder ver la imposición que brindabas ante distintos rivales.

Pero como dije en mis primeras palabras, porto la penuria de no poder haber vivido esos momentos, que cuando escucho distintas personas que sí pudieron hacerlo, se le llena a uno el pecho de emoción, de alegría, de orgullo.

Avanzó el tiempo, y empezaron a maltratarte, a querer sacarte de tu lugar, a querer llevarte a otro lugar, se empezaron a olvidar de tu historia, de todo lo que vos brindaste, no sólo al club, sino también a todos los vecinos del barrio y de barrios aledaños. Y lo que más pena dio, es que era hasta gente propia del club en un principio.

Te siguieron maltratando Gasómetro querido, y para colmo de males, llegaron los innombrables, y un brigadier, que lamentablemente hay que nombrarlo, sólo para que la historia marque una y otra vez que bajo el mando de Cacciatore, lograron sacarte. Del único modo que esa especie sabe manejarse, y con excusas y promesas nunca cumplidas, te sacaron de tu lugar, te desmantelaron Gasómetro.

No me cabe duda que hubo muchísima gente que quiso defenderte, que quiso mantenerte en pie, que no caigas de rodillas ante esa especie destructora, pero esa maldita especie no sabe de palabras, no sabe de respeto, solo sabe de armas y amenazas, de cumplir lo que ellos digan, sin lugar a escuchar a nadie. Cuando querías opinar, cuando querías oponerte, primero venia la amenaza (si es que en algunos casos tenias la “suerte” de tener primero la amenaza), acto seguido, la muerte.

   El barrio perdió mucho más que un estadio, el barrio perdió la alegría, perdió la grandeza de ser, perdió el avanzar, tanto perdió, que hoy al verlo, lo vez prácticamente igual que hace ya 37 años, desde aquel último partido que permitieron disputar dentro de tus amados tablones Gasómetro querido.

Pasaron los años, pasó el tiempo, tuvimos que salir a demostrar nuestra grandeza en las malas, en las malas de verdad, cuando muchos pensaban que San Lorenzo dejaba de existir, porque a San Lorenzo le sacaron su alma, le sacaron su corazón, lo destrozaron, pero como dice la canción, hay algo que no pudieron parar, y es esta hinchada, que siempre te banco, en las buenas, y mucho más en las malas. Demostramos que nuestro clamor no se iba a dejar vencer por culpa de esa especie que merece todo nuestro desprecio.

Querido Gasómetro, hoy quiero decirte que no todo está perdido, por que pudieron sacarte tu estructura, pero jamás pudieron sacar tus raíces, y las raíces, tarde o temprano, vuelven a crecer, eso es algo que supiste guardar en secreto. Y sabias dentro tuyo, que ibas a tener la oportunidad de plantar esa semilla que te representa, pero tenias que estar atento, no en cualquiera podías plantarla, porque tenias una sola oportunidad y esa semilla necesita de un corazón resistente y rebelde.

En uno de los tantos días, estuviste atento, y no dejaste pasar esa chance que te presentaba la vida, desde tus raíces viste a pasar a dos locos, a dos que los escuchabas hablar de San Lorenzo, pero no solo de San Lorenzo como equipo de futbol (habrás escuchado a tantos, pero buscabas algo más en esas palabras), sino también de San Lorenzo como institución, como club, con todo lo que le brindaste al barrio, pero sobre todas las cosas, de lo glorioso del club bajo tu manto de gloria.

Esperaste el momento preciso, seguramente cuando los dos se pararon a esperar que viniese alguna línea de colectivo, a charlar, o simplemente ver hacia dónde estabas, imaginarte ahí de pie nuevamente, y devolverle al club todo lo que le supiste dar. Ya los conocías, ya sabias que sus nombres eran Adolfo y Diego, y que eran dos locos que se iban a hacer escuchar. Fue en ese preciso momento, mientras ellos volvían a verte de pie, imponente, donde despejaste todas tus dudas, y sabias que en ellos estaba la ilusión de volver a verte de pie, una vez más. Plantaste en sus corazones algo que nadie jamás podrá sacarles, el gran desafío de volver a crearte, de volver a ser… ¡De volver a Boedo!.

Pero como bien sabes querido Gasómetro, nada es fácil en esta vida, menos para nosotros, los Sanlorencistas, y años estuvieron ellos dos, estoicos, peleándola contra viento y marea, contra todos aquellos que hasta seguramente se les reían en la cara. Pero hiciste bien tu trabajo, plantaste bien profundo en sus corazones esa semilla, logro crecer, y ellos lograron lo que nunca nadie se pudo haber imaginado, la ¡Ley de Restitución Histórica! ¡Y por unanimidad!

Volvimos a creer querido Gasómetro, ellos despertaron el sueño, ellos volvieron a hacer que los Sanlorencistas volviésemos a hablar mucho más de vos, ellos nos hicieron ver nuevamente aquellas cosas que algunos quizás no conocían, otros no recordaban, y otros, con el paso del tiempo, se iban olvidando.

Pablo Alvarez
Pablo Alvarez

Ellos con sus palabras, con su rebeldía, y demostrando toda su valía, fueron plantando esa misma semilla en los corazones de miles de Sanlorencistas que empezaron a creer que el sueño era posible.

Hicieron que la gente se acercase, que revivan o sepan de tu historia, que sepan de vos, Gasómetro querido, que vuelvan a recordar todo de vos, y que nosotros pertenecemos ahí.

Y ahí están tus raíces, creciendo día a día, hoy con más fuerza, sabes que estamos a sólo unos pasos, sé que lo sabes, porque lo seguís viendo caminando, y los seguís escuchando atentamente, y ahora escuchas cada día mas gente que pasa cerca tuyo no sólo hablando de futbol, sino también de vos, y de aquellos dos locos, donde supiste plantar tu semilla bien fuerte, cada tanto escuchabas decir “los hermanos Resnik” y no tuviste dudas, hablaban  ellos dos, los que hicieron todo el trabajo, de despertar a los Sanlorencistas de ese sueño, que ese sueño puede ser realidad, de que se puede y se va a lograr. Si Gasómetro querido, llora de emoción, llora de alegría, vamos a volver a construirte, vas a volver a ser.

No tuve la oportunidad de verte como en aquellos años, por el hecho de haber nacido en el 83, pero hoy tengo la oportunidad de ser parte de aquel que aporto para lograr esta causa tan querida, de volver a verte, ya sé, no con los mismos tablones, pero si con la misma gloria. Y sé muy bien, como todos los cuervos nunca debemos olvidar, a quienes darles las gracias eternas.

Pablo Alvarez

Socio Refundador CASLA.

Carta de Ezequiel Diaz, socio refundador!!!!

Carta de Ezequiel Diaz, socio refundador 

“…Cien barrios porteños, cien barrios de amor, cien barrios metidos en mi corazón…”.

Que equivocado estaba Alberto Castillo al entonar esa frase en su recordado vals “Cien barrios porteños”.

Por un lado, es doblemente exagerada la cantidad de barrios en comparación con la realidad. Por el otro, no existe manera de meter cien barrios en el cuore si entre ellos se encuentra Boedo. Ni siquiera en el corazón de Jacobo Urso.

Y no me refiero por sus 2,6 kilometros cuadrados, sino por toda su historia, patrimonio, significado, cultura y tantas otras cosas que lo convierten en un barrio único e irrepetible en todo el planeta.

Nací en Rosario, cuna de la bandera. Tierra del Che, Messi y Olmedo. Me crié con el café El Cairo, no el café Margot. Vivo cerca de la cancha de Newell´s, no del Nuevo Gasómetro. Voy a las playas del Paraná, y no a las del Rio de la Plata. Comemos un carlito (gatos también, según las malas lenguas), en vez de un tostado. Soy más rosarino que el monumento y me como las “s” para hablar.

Así y todo, llevo en el corazón al barrio de Boedo, donde nació el ciclón.

Siento que fue ayer cuando pise Boedo por primera vez, en el marco del centenario del club. Mi primera parada fue la sede de Avenida La Plata. En un principio me sentí un turista, recorriendo y capturando eternos retratos con mis retinas.

Habrá sido después de caminar el barrio, sus calles, ver las pintadas, murales alusivos a San Lorenzo, cruzarse con miles de hermanos cuervos. Luego si me sentí un vecino más del barrio, como si hubiese vivido ahí toda mi vida.

Feliz Socio Refundador Ezequiel.
Feliz Socio Refundador Ezequiel.

Ni hablar cuando sentí el eterno espíritu del Gasómetro queriendo ser opacado por una sucursal de una cadena de supermercado.

Habrá sido la capilla de México y 33 orientales, la caravana por todo el barrio, o haber dormido en la recién recuperada plaza Lorenzo Massa por no tener un peso. Respiraba San Lorenzo en cada esquina, en cada paso que hacía. En ese momento fue absorber cien años de pura historia azulgrana de golpe.

Pero entendí. Logre entender,

 

aceptar y disfrutar esa relación directa y eterna entre el club, el barrio y cada cuervo en el mundo. La Santa Trinidad Azulgrana; fue un momento de iluminación mandado por el no todavía Papa Francisco. En ese momento supe que era algo intangible y difícil de explicar, pero demasiado fuerte y real.

Desde este acercamiento fue que me comprometí de lleno con la causa. Primero con la compra de las remeras de la subcomisión del hincha, después no comprar absolutamente nada en ninguna sucursal de ese supermercado del demonio, y finalmente con la difusión.

Hasta que se me presento la chance de colaborar con la Vuelta comprando metros cuadrados para adquirir los terrenos. La chance de ser socio refundador. Tener el orgullo de fundir nuevamente a nuestro querido Ciclón. Tomar la posta y seguir los pasos del Padre Lorenzo Massa, de los hermanos Monti, de Pedro Bidegain. Entrar en la historia, y formar parte de ella eternamente. Doy santa fe que no hay campeonato, copa o gol que pueda igualar esa sensación.

Fueron más de 1000 días de espera desde que decidí comprar mi metro cuadrado, mes a mes pagar con orgullo la cuota del plan Vaccaro. Fueron 36 meses de espera, ver como crecía el fideicomiso de la mano de la ilusión y anhelo de la gente.

Una cuestión de estado que trascendió el hecho de que la pelota bese o no la red, excedió las fronteras del país e incluso de las camisetas.

Un 3 de octubre del 2015, en un partido contra Rosario Central que encontraba a San Lorenzo peleando por llegar a la cima del torneo, llegó el tan ansiado momento. En la previa de este partido, tuve el honor y orgullo de recibir mi carnet de socio refundador en el campo de juego del Nuevo Gasómetro.

Campo de mil batallas, escenario de vueltas olímpicas, y desilusiones también. Recinto de goles mitológicos, escuela de tablones, teatro donde entona sus gritos sagrados La Gloriosa, la filarmónica más pimpante del mundo.

Esas tribunas azulgranas e infinitas, testigo de lágrimas, risas, gritos que quitan la voz y epopeyas futbolísticas que voy a atesorar en mi corazón por siempre.

Si decimos que la vuelta es una luchar, quiero hacer un apartado para el Teniente Marcelo Culotta, mano derecha de nuestro líder y alma mater de todo este sueño, el General Adolfo Resnik. Previo a la entrega de los carnets, supo como inflar aun más mi pecho de orgullo con sus palabras alusivas a la causa. Un verdadero héroe de guerra, hincha genuino capaz de guiar a todos sus soldados de la vuelta hacia la tan ansiada condecoración.

El desfile de las tropas fue por las líneas del campo de juego. Líneas de cal surcados por Buffarini y Mas, héroes contemporáneos que supieron llevar de la nada a la gloria a nuestro querido Cuervo.

Creo que me resulta casi imposible trasladar al papel el ciclón de sensaciones que me nacieron en esos momentos. Una mezcla de asombro al admirar a La Gloriosa, pero desde el corazón del estado. Recuerdos de miles de partidos que me toco presenciar. Honor y orgullo por aportar mi granito de arena a la causa más noble que cualquier sanlorencista pueda llegar a participar.

Aunque estos sentimientos fueron solo algunos de todos los que afloraron. Solo algunos de los que puedo volcar en esta carta, el resto es inexplicable hasta para mí.

Al salir del campo de juego, me sentí realizado, que ya estaba hecho, que cumplí. Pero este sentimiento fue efímero y volátil. Me di cuenta que fue solo el comienzo.  Fue un incentivo para seguir en esta ardua lucha, antes utópica.

Aun queda mucho por hacer, ya que volver a Boedo esa es mi ilusión.

Jure que no iba a parar hasta volver a Boedo.

Jure que muy pronto volveremos a levantar los escalones en Boedo.

Jure que me veras volver. Ya volvimos.

¡Al barrio que a San Lorenzo lo vio nacer!

 

Ezequiel Diaz

Socio Refundador 

 

 

 

Carta de Fernando Sanfilippo, Socio Refundador!!!!

Carta de Fernando Sanfilippo, Socio Refundador

 

El primer recuerdo que tengo del Gasómetro es a los 5 años me llevaron mi viejo, muy poco futbolero, y un amigo de él, Ladislao Kuchar. Fue un día de semana a la noche no me acuerdo el rival pero sí que ganamos 3 a 2. Las veces siguientes fueron de día, obviamente domingo, que era el día del fútbol, tomábamos el 134 en Barracas y nos bajábamos en Pavón y Avenida La Plata, mi viejo me llevaba a la platea de los chicos, pero a mí no me gustaba porque el campo de juego tenía tanto bombe’ que cuando el Gringo Scotta jugaba del otro lado solo lo veía de la cintura para arriba.Fernando Sanfilippo

Un día me enteré que nos quedábamos sin cancha, no entendía bien porque. Ya deambulando por Ferro vino el maldito/bendito descenso, según se lo mire. Volví al Gasómetro en el 82, me había escapado del colegio para sacar entrada en las boleterías que todavía quedaban aunque el estadio ya era un recuerdo, se veían los tablones en desuso y los yuyos en lugar de césped. Ya de grande el amigo de mi viejo me regalo un título patrimonial, mientras seguíamos penando por Atlanta, el Riachuelo, la quema. Hoy ya soy socio patrimonial, socio refundador y vitalicio. Ladislao Kuchar ya no está pero lo hice socio refundador al igual que a mi hijo que me acompaña al Bidegain, mientras esperamos la bendita firma del boleto para empezar a levantar los escalones en Avenida La Plata 1750.

Fernando Sanfilippo
Socio Refundador.

Carta de Sergio Yagi, Socio Refundador!!!!

Carta de Sergio Yagi, Socio Refundador

Tiene que haber vidas pasadas, reencarnaciones, algo tiene que haber, sino no se explica que siendo hijo de inmigrantes japoneses que no tenían idea sobre fútbol y menos sobre equipos, haya surgido tal fanatismo por el ciclón. Calculo que mi amor por San Lorenzo de Almagro empezó en el  año 72´ con tan sólo 8 años. Empecé a ir al gasómetro en el 78´ y sin saberlo, estuve en el último partido vs boquita.

Sergio, orgulloso socio refundador.
Sergio, orgulloso socio refundador.

El destino quiso que por medio de un amigo mutuo (Daniel Cardama) compartiéramos el peregrinar del ciclón, con Adolfo y Diego. Las tribunas de la quema, de la boca, de ferro, velez, atlanta, español, etc me permitieron conocer la pasión y MEMORIA de Adolfo, un grande!.

Por él estoy desde sus inicios por el retorno a Av La Plata, que SAN LORENZO merece. Los radiopasillos aseguran que la firma del boleto está ahí nomás. Como todos los refundadores es lo que más anhelo.

#QueOctubreSeaElMes

Sergio Yagi
Socio Refundador CASLA 06198