MI HISTORIA SANLORENCISTA

Ernesto Pierro

Nací en 1951. Mis primeros recuerdos del fútbol tienen que ver con el viento: mi infancia y adolescencia las pasé en uno de esos típicos “yotivencos” de aquellos tiempos, que tenían varias habitaciones e inmigrantes de todas partes de Europa. La casa en cuestión estaba en la calle Gibson, a 4 cuadras del Gasómetro y el viento traía nítidamente las ovaciones que provocaban la salida de los equipos a la cancha y –por supuesto- los goles. Mi viejo me hizo socio a mis 4 años, o sea en el ’55. El primer partido que recuerdo tuvo violencia, pero un triunfo del Ciclón. Fue en el ’58, creo que a fines de ese año. Mi viejo y yo estábamos en la platea, porque mi padre colaboraba con la fracción Orden y Progreso. Por supuesto que su trabajo allí era “ad-honórem”, pero hacía posible que los que cuidaban la entrada de las plateas le permitieran entrar (y a mi con él) sin pagar. Y la verdad es que no hubiéramos podido entrar de otro modo a la platea: si algo faltaba en mi casa era guita. Más adelante yo iría la platea para pibes (platea baja que estaba a la altura del arco que daba a la Avda. La Plata), y algunos años después a la popular, porque aun pudiendo ir a platea, yo prefería la “popu”. Pero eso fue años después. Aquel partido del ’58 era contra Racing (que a la postre ganaría el campeonato de ese año, seguido de muy cerquita por los nuestros) y tengo en mi memoria el asombro ante tal impresionante multitud que cubría el que era el estadio más grande e importante de la Argentina. La otra imagen que viene nítida a mi memoria es la de José Francisco Sanfilippo. Ya no recuerdo si fue él quien hizo uno de los goles con los que le ganamos ese día a la Academia, pero me quedó grabado que salió corriendo a festejarlo (si, evidentemente debe de haber sido él, goleador del campeonato además ese año, como era su costumbre) por la misma línea del arco del gol –que era el que daba a la hinchada visitante- hacia la platea. Y yo justo estaba ahí, en ese lugar de la platea, y sentí que me lo gritaba a mi, cosa por supuesto absurda, pero bueno, yo tenía 7 años. Muchos hinchas de Racing, enojados por la derrota, bajaron de aquellos queridos tablones al pasillo y como lo que tenían más cerca era esa parte de la platea en la que yo estaba, empezaron a tirar de todo hacia ese lugar y se armó una batalla campal, que yo solo adivinaba, porque mi viejo me cubría para tratar de evitar que me lastimase.

El año siguiente fue aquel glorioso ’59 donde se ganó brillantemente el campeonato, pero aquella batahola del ’58 hizo que a mi viejo le costase mucho convencer a mi madre de llevarme a la cancha en el ‘59. De todos modos, por suerte pude disfrutar de varios partidos de aquel equipo fabuloso.

Ya en los años ’60 iba a gozar de los malabares del Coco Rossi, del talento increíble del “Toscano” Rendo, del inolvidable Araña Telch, del ángel increíble que tenía “El loco” Doval, de las endiabladas “bicicletas” del “Lobo” Fischer”, del Maestro Sergio “Sapo” Bismark Villar –seguramente el mejor jugador que vi en mi vida-. Del “Bambino” ¡qué jugador! Veira (tuve la dicha de estar en la cancha el día que le hizo 5 goles a Boca, uno mal anulado, y la hinchada de Boca se fue en masa al terminar el primer tiempo). De la sabiduría y la guapeza de Albretch, que era un genio, y no solo pateando penales. Del “Manquito” Casa, que los volvía locos a sus marcadores antes y después de perder el brazo. Y de todos en fin, los que integraron aquellos incomparables equipos de “Los Carasucias” y “Los Matadores” (como sabemos, éstos encima fueron los primeros campeones invictos del fútbol argentino). Y el bicampeonato ya en los ’70. Y el “gringo” Scotta. Y los recuerdos mezclan épocas y se aparecen Gramari, Veglio, Carotti, Rosl, Calics, Ayala…En fin, San Lorenzo no solo era el más ganador del deporte argentino, sino que era el más grande en fútbol sin que nadie lo dudase, y todos los equipos (los otros 4 grandes también) iban al Gasómetro a “colgarse del travesaño”.

Ya no podré entrar con mi viejo llevándome del hombro, como él acostumbraba a hacerlo, aun cuando yo ya era un veinteañero. Y ya no estará Tim en el banco, ni Barreiro. Ya no habrá la magia de Omar Higinio García, ni los tiros furibundos de Facundo, ni las “palomitas” de Pedro González ni las atajadas de Carrillo o de “Batman” Butticce, ni el empuje de Chazarreta o Espósito. Pero igual quiero volver a entrar por Avda La Plata para ver jugar al Ciclón, y que nuevamente nadie dude de que ese es el estadio del más grande del fútbol argentino. Le pido a la vida que me regale cumplir con ese sueño.

Ernesto Pierro ( Letrista de Tangos)

 

One comment

  • HECTOR JOSE ROMANO

    Ernesto, somos del mismo año… Yo también me acuerdo de todos esos partidos, de esa infancia y adolescencia vividos en el glorioso Gasómetro de Avenida La Plata. En la pileta olímpica, en las baldosas de las canchitas, en el legendario Salón San Martín.. ¿Cómo olvidarse de la gloriosa batalla de San Lorenzo, con los granaderos a caballo?… ¿Cómo olvidarse de los Carnavales maravillosos de nuestra infancia, y de nuestra juventud?…. Ojalá sea pronto, y que lo podamos ver en vida, y ver como nuestros nietos disfrutan del maravilloso Club que nos une…

    A VOLVER, AVOLVER, VAMOS A VOVEEERRRR.

    Un abrazo cuervo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *